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| Santísimo Cristo Yacente ( ver galería fotográfica ) El año de 1933, Hernández Díaz atribuyó a Juan de Mesa el simulacro del Cristo Yacente, adjudicación que ha sido reiterado posteriormente "por razones estilísticas, iconográficas y por similitud con otras imágenes identificadas del escultor cordobés". El tema del Yacente, tan usual en Castilla, se interpreta en esta imagen de forma diferente. En este sentido Martín González anota que mientras la hechura hispalense se efigia con carácter exento o bulto redondo, las obras castellanas vienen a ser como relieves dirigidos al espectador. El Cristo Yacente, se cataloga como una escultura en madera policromada, de 1,98 m., atribuida a Juan de Mesa y fechable en el primer tercio del siglo XVII.
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En cuanto a la imagen de María Santísima de Villaviciosa, representa la Séptima Angustia que padeció Nuestra Señora. Los asistentes dispuestos de acuerdo a formas neoclásicas, hacen que la escena quede impregnada de un intenso dramatismo interior. La imagen de Nuestra Señora es de candelero para vestir, de 1,64 m. de alto, realizada por Antonio de Quirós en 1693. En 1830 fue reencarnada por el célebre pintor José Bécquer. Luis Álvarez Duarte le colocó un nuevo candelero en 1980. Y finalmente ha sido restaurada por José Rodríguez Rivero-Carrera en 1991 |
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Imagenes secundarias Paso del Duelo ( ver galería fotográfica ) Las imágenes secundarias que precedieron a las actuales, fueron aniquiladas o extraviadas con las campañas napoleónicas a comienzos del siglo XIX. Este trágico hecho hizo que la Hermandad programase la creación de otras nuevas en el año de 1830, concediéndose el proyecto a Juan de Astorga que por ende era miembro de esta cofradía. En este misterio se aprecian a la perfección las principales características del escultor. Los rostros femeninos presentan un óvalo de perfecto dibujo, rasgo que ya se apreciaba en los escultores dieciochescos, ostentan el entrecejo levemente fruncido, ojos grandes, miradas bajas y ensimismadas y la carnación logra un tono nacarado. Por el contrario, los Varones y el Evangelista presentan rostros serenos y miradas que enseñan al que los ve la interiorización del dolor, sello irrebatible de Astorga. |
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