ACTOS Y CULTOS

"Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo id, preparadnos la Pascua para que comamos" (Lc 22,8)

Así como Pedro y Juan prepararon la Cena del Señor, los acólitos continuamos preparando cada banquete eucarístico y sirviendo a Cristo

La importante labor del acólito viene reflejada en la palabra "servir". No se trata de un servicio esclavizante, humillante o simplemente fruto de una relación onerosa. Empero, sí se trata de un servicio especial, un servicio noble y un servicio de amor, muy provechoso para acercarnos más a Jesús presente en la Liturgia; ya decía Pío XII que "La Liturgia es el culto público total del cuerpo místico de Cristo, cabeza y miembros".

El Concilio Vaticano II añade que "La Liturgia se considera como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre y así, el Cuerpo místico de Cristo" (cf. Constitución Sacrosantum Conciliun: Nº 7).

El acólito, como todos los participantes en mayor o en menor medida, tiene una especial participación y juega un importante papel en esos "signos sensibles". Es el acólito, el que prepara el altar y asiste al sacerdote, que actúa in persona Christi, es decir, el sacerdote es en el momento de la celebración el mismo Cristo. Por tanto, el acólito es un servidor directo de Cristo, sirviendo tanto a su Persona (representada en el sacerdote), a su Palabra y a su Presencia Real bajo las dos especies (el pan y el vino).

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