NUESTROS TITULARES

Santísimo Cristo Yacente

La portentosa imagen del Santísimo Cristo Yacente hace estación de penitencia en una urna neogótica diseñada en 1880 por Antonio del Canto Torralva. La talla constituye una de las grandes obras de la imaginería barroca sevillana y, desde 2024, su autoría a Juan de Mesa ha quedado definitivamente acreditada gracias al hallazgo de un documento original del siglo XVII en el interior de la propia escultura.

El documento fue localizado el 19 de septiembre de 2024 durante los trabajos de restauración realizados por José Joaquín Fijo León y Almudena Fernández García. Tras su extracción, estudio y restauración, se pudo confirmar que la Hermandad mandó realizar la imagen con las limosnas de numerosos devotos y que su ejecución correspondió al escultor cordobés Juan de Mesa y Velasco. El mismo testimonio señala que la imagen fue concluida el 12 de marzo de 1619 y que de su encarnadura se encargó Juan Sánchez Cotán, entonces alcalde de los pintores de Sevilla.

Este descubrimiento vino a confirmar documentalmente una autoría que el profesor José Hernández Díaz había defendido décadas atrás por razones estilísticas. Las semejanzas con otras obras de Juan de Mesa, especialmente con el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la Capilla Universitaria, resultan evidentes en el modelado del torso, la cabeza, la cabellera y las extremidades. Entre los rasgos característicos de su lenguaje escultórico se encuentra también la minuciosa representación de las heridas producidas por la corona de espinas.

El Señor aparece ya descendido de la Cruz, con la cabeza reclinada, el cuerpo rígido y las rodillas todavía flexionadas como consecuencia de la postura mantenida durante la crucifixión. El tratamiento anatómico, de extraordinario realismo, transmite con sobriedad y fuerza la muerte de Cristo, alejándose de cualquier artificio para concentrar la atención en la humanidad del Redentor.

La imagen conserva actualmente una encarnadura correspondiente al siglo XIX, recuperada y puesta en valor durante la restauración concluida en 2025, bajo la que permanecen testimonios de policromías anteriores. Los trabajos permitieron asimismo recuperar la lectura artística de la talla y reafirmar la excepcional calidad de la obra de Juan de Mesa.


María Santísima de Villaviciosa

María Santísima de Villaviciosa preside el denominado paso del Duelo, una singular composición que representa el pésame tributado a la Santísima Virgen tras la muerte y sepultura de su Hijo. Junto a Ella aparecen San Juan Evangelista, Santa María Magdalena, María Cleofás, María Salomé y los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, configurando una escena de profundo sentido funerario y devocional.

La actual composición reúne imágenes pertenecientes a dos momentos históricos diferentes. María Santísima de Villaviciosa fue realizada en 1693 por el escultor sevillano Antonio Cardoso de Quirós, por encargo del mayordomo de la Hermandad, Manuel González de Contreras. La documentación conservada acredita que Quirós ejecutó la cabeza y las manos de la Dolorosa y que, al ingresar en la corporación el 26 de marzo de aquel año, quedó exento de satisfacer la cuota de entrada al haber entregado como limosna las manos de la Virgen.

La Virgen constituye el principal testimonio conservado del antiguo misterio barroco, pues buena parte de las imágenes y elementos que componían el conjunto resultaron perdidos o desaparecieron como consecuencia de los acontecimientos sufridos por la Hermandad durante la invasión francesa.

La recuperación del misterio tuvo lugar en el primer tercio del siglo XIX gracias al decisivo impulso de José Manuel de Arjona, asistente de Sevilla y teniente hermano mayor de la corporación, quien promovió la revitalización del Santo Entierro y su regreso a la estación de penitencia en 1830 después de varias décadas de ausencia.

Para completar nuevamente el Duelo se recurrió al escultor Juan de Astorga, quien realizó en 1829 las imágenes de San Juan Evangelista, las Tres Marías y los Santos Varones. El conjunto responde al lenguaje académico característico de Astorga, con una composición ordenada y equilibrada, alejada del movimiento más dinámico y tumultuoso propio de los antiguos misterios barrocos.

La reorganización promovida por Arjona permitió que la Hermandad volviera a realizar su estación de penitencia en la Semana Santa de 1830, en un contexto en el que la recuperación de las procesiones sevillanas trascendía también el ámbito estrictamente religioso y comenzaba a adquirir una creciente dimensión social y urbana.

Las imágenes del Duelo son de vestir, concebidas para completar su aspecto mediante ricos ropajes. Especial relevancia poseen el manto de María Santísima de Villaviciosa y las vestiduras de las imágenes secundarias, bordados en 1880 por Teresa del Castillo según diseños de Antonio del Canto Torralva. Sus motivos historicistas, inspirados principalmente en el repertorio gótico, contribuyen decisivamente a la singular estética fúnebre del conjunto.


Triunfo de la Santa Cruz

El paso alegórico del Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte, conocido popularmente en Sevilla como «la Canina», constituye una de las representaciones simbólicas más singulares de la Semana Santa sevillana.

En primer término aparece la Muerte personificada mediante un esqueleto provisto de una guadaña, sentado sobre el globo terráqueo. En torno al mundo se enrosca la serpiente que porta en su boca la manzana, símbolo del pecado original. Frente a ellos se eleva triunfante la Santa Cruz, de la que penden dos sudarios, uno blanco y otro negro. Sobre este último figura la inscripción latina «Mors mortem superavit», expresión que proclama la victoria de Cristo sobre la muerte.

Lejos de constituir una representación meramente tétrica o macabra, el misterio encierra un profundo mensaje cristiano de esperanza. La muerte, el pecado y el demonio aparecen sometidos al poder redentor de la Cruz: mediante su muerte y su Resurrección, Cristo vence a la propia muerte y abre al hombre el camino de la salvación.

El origen de este singular paso está estrechamente vinculado al antiguo ceremonial del Sermón del Descendimiento, que la Hermandad celebraba cada Viernes Santo, a las tres de la tarde, en su antigua sede de la Puerta Real. Según relata el historiador José Bermejo, mientras el predicador narraba el Descendimiento de Cristo, varios clérigos desclavaban de la Cruz una imagen articulada del Crucificado, que posteriormente era colocada como Yacente, amortajada y dispuesta sobre unas andas.

Finalizado este ceremonial daba comienzo la estación de penitencia, encabezada por un paso compuesto por una gran cruz y diversos elementos simbólicos o «jeroglíficos». Estos símbolos pretendían expresar visualmente la doctrina cristiana sobre la Redención: el esqueleto representa la muerte; la guadaña, su poder sobre la existencia terrenal; la serpiente y la manzana, el pecado original; el globo, el mundo sometido a sus consecuencias; y la Cruz, finalmente, la victoria definitiva de Cristo.

La configuración histórica del conjunto actual corresponde al escultor Antonio Cardoso de Quirós, quien trabajó para la Hermandad en 1693. La documentación conservada acredita entre sus encargos para la corporación la ejecución de «la muerte y la sierpe», además de María Santísima de Villaviciosa y otros elementos escultóricos y ornamentales destinados a los pasos de la Hermandad.

Con anterioridad, los jeroglíficos que abrían el cortejo podían variar en su disposición y apariencia. La intervención de Cardoso de Quirós consolidó la formulación iconográfica que, con las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos, ha llegado hasta nuestros días y continúa proclamando cada Sábado Santo el Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte.