Queridos hermanos:
Dentro de nuestra provincia de Castilla de la Orden de la Merced sostenemos que los gallegos encajamos bien en Andalucía. Somos ya muchos los que desde aquel lejano 1940 hemos recorrido el camino hasta nuestro convento de san Gregorio Magno, sede de nuestra hermandad del santo Entierro. Y en esa larga saga de frailes provenientes del Norte no soy una excepción. Cuando en el ahora lejano año de 2019 mi provincial me propuso venir a Sevilla desde Madrid, acepté sin dudar, aunque tardaría todavía un año en mudarme, en septiembre de 2020.
A lo largo de los siguientes seis años he tenido el regalo del Señor de compartir con vosotros alegrías y tristezas, vida y esperanza. Acogido con los brazos abiertos por el hermano mayor, don José María Domínguez-Rodiño, a quien tengo siempre presente en mis oraciones, y por todos los hermanos comencé a desempeñar la labor de director espiritual entre vosotros. Mi convencimiento en todo este tiempo es que el desempeño de esta labor solo es posible si caminamos juntos, como lo hemos venido haciendo. El Señor nos llama a crecer como cristianos en la contemplación del misterio del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, siempre de la mano de Nuestra Madre, María Santísima de Villaviciosa. Y esto es lo que, con la ayuda del Espíritu Santo, hemos estado intentando hacer a lo largo de estos años. Hemos crecido hacia fuera (Santo Entierro grande, Via Crucis, restauración de la imagen del Santísimo Cristo Yacente), y también, como dice nuestro actual hermano mayor, don Fermín Bernabé Vázquez, hacia dentro, con nuestros nuevos hermanos y los diversos encuentros y actividades. El viaje a Madrid por la visita del Santo Padre, el papa León XIV, con la juventud de la hermandad nos ha confirmado en la tarea emprendida. Mucho nos queda por hacer y caminar.