ACTOS Y CULTOS

"Y JESUS ENVIO A PEDRO Y A JUAN, DICIENDO ID, PREPARADNOS LA PASCUA PARA QUE COMAMOS" (Lc 22,8)

Así como Pedro y Juan prepararon la Cena del Señor, los acólitos continuamos preparando cada banquete eucarístico y sirviendo a Cristo

La importante labor del acólito viene reflejada en la palabra "servir". No se trata de un servicio esclavizante, humillante o simplemente fruto de una relación onerosa. Empero, sí se trata de un servicio especial, un servicio noble y un servicio de amor, muy provechoso para acercarnos más a Jesús presente en la Liturgia; ya decía Pío XII que "La Liturgia es el culto público total del cuerpo místico de Cristo, cabeza y miembros".

El Concilio Vaticano II añade que "La Liturgia se considera como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre y así, el Cuerpo místico de Cristo" (cf. Constitución Sacrosantum Conciliun: Nº 7).

El acólito, como todos los participantes en mayor o en menor medida, tiene una especial participación y juega un importante papel en esos "signos sensibles". Es el acólito, el que prepara el altar y asiste al sacerdote, que actúa in persona Christi, es decir, el sacerdote es en el momento de la celebración el mismo Cristo. Por tanto, el acólito es un servidor directo de Cristo, sirviendo tanto a su Persona (representada en el sacerdote), a su Palabra y a su Presencia Real bajo las dos especies (el pan y el vino).

Todo esto viene ratificado por Juan Pablo II, que el día 2 de Agosto de 2.001 en Audiencia General dijo así: "El acólito ocupa un lugar privilegiado en las celebraciones litúrgicas. Quien sirve en la Misa, se presenta a una comunidad. Experimenta de cerca que en cada acto litúrgico Jesucristo está presente y obrante. Jesús está presente cuando la comunidad se reúne para orar y dar gloria a Dios. Jesús está presente en las palabras de las Sagradas Escrituras. Jesús está presente sobre todo en la Eucaristía en los signos del pan y del vino. Él actúa por medio del sacerdote que in persona Christi celebra la Santa Misa y administra los Sacramentos".

Finalmente, sus funciones vienen establecidas de forma bastante general, aunque clara, en la Instrucción General del Misal Romano, punto 98: "El acólito es instituido para el servicio del altar y para ayudar al sacerdote y al diácono. A él compete principalmente preparar el altar y los vasos sagrados y, si fuere necesario, distribuir a los fieles la Eucaristía, de la cual es ministro extraordinario" (v. cfr. núm. 100).

Vista la esencial importancia de los acólitos, nuestra Hermandad, no ajena a las reformas y misiones que nos encomienda el Concilio Vaticano II en cuanto al fomento de la formación de los fieles en la educación litúrgica y participación activa de los mismos (cf. Constitución Sacrosantum Conciliun: Nº 19), ha puesto en marcha un Grupo de jóvenes Acólitos que tiene como principal objetivo la participación e integración de todos los jóvenes en la Hermandad.

Mediante un sistema establecido de reuniones preparatorias, donde nos repartimos la participación en todos los cultos, y un sistema de puntos que reconoce la asistencia de cada acólito a los actos y cultos que celebramos, formamos parte del día a día de la Hermandad. A través de estos puntos antes mencionados, se facilita que aquella persona que tiene una implicación mayor con la Hermandad, disfrute de preferencia en el momento de elegir su puesto como acólito en la Estación de Penitencia, siempre siguiendo unos parámetros acordes a edad y experiencia entre otros y siempre respetando la última voluntad del Diputado Mayor de Gobierno, máximo responsable de la Cofradía.

Este grupo no sólo está enfocado a la formación litúrgica e integración en la Hermandad de nuestros jóvenes acólitos, sino que tiene como uno de sus principales objetivos la convivencia entre ellos, la apertura a nuevas experiencias cofrades mediante excursiones, visitas y relación con otros grupos cofrades y sobre todo, su respectivo crecimiento como personas y cristianos, tan importante en la sociedad atea en la que vivimos.

Entre otras pendientes, hemos realizado varias jornadas de convivencia, una de ellas consistente en un viaje a la capital, donde aprovechando la salida extraordinaria de la Virgen de la Hiniesta, visitamos la Sta. Iglesia Catedral, además de varios templos, por ejemplo S. Juan de la Palma, sede canónica de la Hermandad de la Amargura, quien nos abrió las puestas de su tesoro y pudimos realizar unas oraciones ante sus Titulares.

También hemos realizado convivencias en nuestra Hermandad, consistentes en una Exposición del Santísimo Sacramento, con una meditación sobre nuestro papel como jóvenes en el mundo y sobre qué espera el Señor de nosotros.

Hago desde aquí un llamamiento a nuestros jóvenes, para que puedan participar en la gran dicha de ser parte esencial de la Santa Misa, la mayor muestra de amor a Cristo y a su Stma. Madre; de ser servidores directos de Jesús; de ser componentes de la función principal de la Hermandad: el culto al Stmo. Cristo del Sagrado Descendimiento, Ntra. Sra. y Madre de las Angustias y Ntro. Padre Jesús Cautivo de Belem. Deseo la integración de nuestros jóvenes en el Cuerpo de Acólitos, pionero en nuestras hermandades carmonenses, un grupo cargado de devoción y de amor hacia nuestros Titulares.

Finalmente, como Diputado de Cultos, animo a la participación de todos los jóvenes en los cultos que se aproximan, señal inequívoca de la relevancia de los días tan  importantes que se acercan, entre ellos, nuestro deseado Miércoles Santo.