LITURGIA

NUEVO DIRECTOR ESPIRITUAL

Fray José Anido Hernández

Mis estimados Hermanos en Xto. Nuestro Señor.

En el día de ayer en la Función Solemne a la Santísima Virgen de Villaviciosa tuve el honor de presentar a nuestro nuevo Director Espiritual así como tributar, no una despedida, sino un hasta siempre al que fue nuestro anterior Director Espiritual y querido Padre José, ya que él se queda en el Convento como un miembro más de la Comunidad Mercedaria.

Con fecha once de noviembre de dos mil veinte, nuestro Reverendísimo Sr. Arzobispo a tenido a bien nombrar Director Espiritual de la Hermandad al Rvdo. P. José Anido Rodríguez (OM). Pbro. por un periodo de cuatro años, según testimonio recibido en la Hermandad.

Fray José Anido Rodríguez, fue destinado por el Provincial de la Orden de la Merced de la provincia de Castilla al convento que mantiene en Sevilla en la calle Alfonso XII, nº 14 de Sevilla en donde se ubica la Capilla de San Gregorio Magno sede canónica de nuestra Hermandad.

Dicha incorporación se ha realizado en el mes de septiembre.

En el mes de octubre Fray José García García, nuestro anterior Director Espiritual, motivado por su edad y como bien sabéis y por su estado de salud, expreso su deseo tanto a su Superior, a este Hermano Mayor , en aras a un perfecto cumplimento de la Dirección Espiritual de la Hermandad la necesidad de acometer un relevo, estimándose si asi procedía dicho relevo y que esta labor fuera realizada por Fray José Anido Rodríguez de la Orden de la Merced y seguir con la tradición implantada que la Dirección Espiritual recayera sobre un Fraile con sede en el Convento de la Orden en Sevilla.

De conformidad con las Normas Diocesanas a las que nos debemos, se elevó por este Hermano Mayor, previa consulta al Cabildo de Oficiales, y una vez conocida la renuncia del Padre José al cargo, siendo realizada por petición expresa al Sr. Arzobispo y aceptada por este.

Quiero aprovechar por medio de este comunicado en nombre de la Hermandad para darle la bienvenida, con la certeza de que su maestría lo será en frutos de formación a los hermanos de esta Institución.

También deciros que me es grato reproducir para vuestro conocimiento del escrito que nuestro nuevo Director Espiritual me ha remitido y que quiero haceros participes de su contenido.

El Hermano Mayor

José María Domínguez- Rodiño Sánchez-Laulhé


Convertíos y creed en el Evangelio

Con la bendición e imposición de la ceniza comenzaremos el miércoles 26 de febrero el tiempo santo de Cuaresma. En él nos preparamos a celebrar el Misterio Pascual, corazón de nuestra fe. Su duración de cuarenta días evoca algunos de los acontecimientos que han marcado la vida y la historia del antiguo Israel: los cuarenta días del diluvio universal que concluyen con la alianza establecida por Dios con Noé y, a través suyo, con toda la humanidad; los cuarenta días en que Moisés permanece en el monte Sinaí, que terminan con la entrega de las tablas, en las que se contiene la Ley santa con la que Dios, como sabio pedagogo, quiere dirigir la vida de sus hijos.

La Cuaresma evoca también los cuarenta días que pasó Jesús en el Monte de la Cuarentena, orando y ayunando, antes de emprender su misión salvadora. Como Jesús, nosotros, con todos los cristianos del mundo, recorremos un camino de ascesis, de interioridad y de oración para dirigirnos espiritualmente al monte Calvario, meditando y reviviendo los misterios centrales de nuestra fe. De este modo, celebrando el misterio de la Cruz, nos prepararemos para gozar de la alegría de la Resurrección.

Comenzamos la Cuaresma con la bendición e imposición de la ceniza, un rito tan austero como lleno de simbolismo. Al depositarla sobre nuestras cabezas, la liturgia nos permite elegir entre dos fórmulas. Las dos contienen una llamada apremiante a reconocernos pecadores, a rasgar nuestros corazones, como nos pide el profeta Joel, a convertirnos y a volver al Señor.

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El Evangelio


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El coronavirus y Dios

Carlos Amigo Vallejo
Cardenal Arzobispo Emérito de Sevilla

"Oh María, tu resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguro que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quién ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita"